11 de marzo de 2016
4 de marzo de 2016
26 de febrero de 2016
19 de febrero de 2016
3 de febrero de 2016
Conceptos Básicos en Seguros de Personas
¿Cuál es el objeto de un seguro de vida?
Básicamente, como ya se ha dicho, su objetivo es cubrir o
proteger la ocurrencia de muerte (principalmente), enfermedad y o invalidez y,
eventualmente, supervivencia en cualquier ser humano.
Por fuera de este concepto primario hay más objetivos que se
engloban en el porqué de la contratación de un seguro de vida, pero éstos son
más específicos y detallistas de acuerdo a las particularidades que presenta
quien toma el seguro o quien será finalmente el asegurado.
Y estos objetivos pueden ser desde proveer de continuidad
del ingreso familiar a la viuda o al viudo y sus hijos, hasta la cancelación de
deudas, el pago de los estudios pendientes de hijos hasta su finalización, dejar
cubierto un tratamiento médico o un sepelio, hasta generar un fondo de retiro
en caso de que la supervivencia del asegurado se imponga a una muerte prematura
o no.
En definitiva, el seguro de personas apunta a cubrir las
demandas económicas de los herederos, en el peor de los casos, o a garantizar
los años de retiro del asegurado, una vez cumplidos los años de prestación de
servicios laborales dispuestos por la Ley.
¿Quiénes son asegurables?
Cualquier persona de existencia física mayor de 14 años de edad
es plausible de ser asegurada. A partir de los 18 años, mayoría de edad, el
asegurado tiene libertad de contratar sobre sí o para un tercero una cobertura
de protección.
No existe un límite legal acerca de hasta qué edad se puede
asegurar una persona; los límites impuestos los estipulan las compañías por
cuestiones comerciales, no legales.
Sí en cambio, no es posible asegurar por si a menores de 14
años de edad ni a interdictos, aquellos que legalmente están imposibilitados de
comprender y ejercer su propia representación.
Para el caso de menores de 18 años de edad y mayores de 14,
la Ley impone que sus beneficiarios serán los herederos legales, ascendientes o
descendientes. Una vez cumplida la mayoría de edad los beneficiarios son
elegidos y designados con total libertad por el asegurado.
¿Qué son las “Coberturas Adicionales”?
Aquellas que exceden los términos generales de la
contratación de la cobertura y que se contemplan y otorgan como segundas
opciones ampliando el rango de protección.
Mayormente se otorgan incrementando el monto básico de la
prima y siempre estipulando su valor con acuerdo de ambas partes, tomador y
compañía.
Las mismas, mayormente, son por lo general referidas a:
·
Invalidez (total, parcial, temporal, permanente)
·
Enfermedades Prolongadas
·
Enfermedades Graves y o Terminales
·
Doble Indemnización por Muerte en Accidente
·
Pérdidas Físicas Parciales o Totales
·
Sepelio
·
Tratamientos Prolongados
·
Internación
·
Medicamentos
Por nombrar
algunas de las más comunes.
¿En qué casos el seguro “no cubre”?
“El Seguro No Lo
Cubre”, una de las frases más escuchadas entre la comunidad de asegurados.
Parece una especie de mala broma que ocurre en los peores momentos; cuando
esperamos que el seguro venga en nuestra ayuda, algo determina que lo que
ocurrió no está cubierto. Pero no es así de simple.
Las pólizas estipulan lo que se denominan exclusiones;
eventos que específicamente se aclaran al margen del compromiso tomado por la
Compañía ante el Asegurado y que en caso de ocurrencia, invalidan el contrato.
Estas exclusiones se incluyen a propósito dentro de los términos de las
cláusulas para dejar expresa aclaración de que son eventos sin duda fuera de
cobertura.
Algunas son reconocidas por haber sido nombradas en
reiteradas ocasiones; otras caen de maduro por la lógica de su origen y la
mayoría termina siendo reconocidas como tales, dado lo extremo de su concepto
básico.
No se cubren empresas tales como exploración submarina,
práctica de la aviación por fuera de la prestación de un servicio a nivel
comercial, carreras de vehículos mecánicos en todas sus formas, situaciones de
guerra que no comprometan al país del cual es ciudadano el asegurado, la
participación en una empresa criminal o estar involucrado en catástrofes
atómicas.
Quienes practican eventualmente esas actividades, salvo el
apartado empresa criminal, son cubiertos por otros tipos de seguros cuyas
características y modelos no vienen al caso aquí.
Por lo tanto es imprescindible que quien contrate una póliza
tenga la obligación de informarse fehacientemente de los detalles del contrato
que va a firmar como parte.
Esa es una de las tareas principales del Productor Asesor de
Seguros: poner al tanto al asegurado de los detalles relevantes del compromiso
que va a asumir e informarle tanto de sus derechos como de sus obligaciones.
Próximo tema: El Suicidio y el seguro.
27 de enero de 2016
El Seguro de Vida – Orígenes
Desde que el hombre se organizó
socialmente en actividades económicas, el tema de protegerse, en tanto actor
principal de su propia actividad económica, se convirtió en “el” punto central
de la cuestión.
Diferentes y variados riesgos
amenazaban al único gestor de los recursos que permitían su supervivencia y la
de los suyos. Aún hoy rige ese principio básico y la pregunta eje de toda la
cultura aseguradora de personas:
· si el proveedor principal de recursos de un
grupo desaparece o queda imposibilitado de seguir cumpliendo ese rol…
·
¿quién lo cumplirá?
·
¿quién proveerá de sostén al grupo?
Desde los legionarios
romanos, que generaban un fondo común para ceder a viudas y huérfanos en caso
de muerte o incapacidad de uno de los soldados, pasando por los mercaderes que
trasladaban sus mercancías por tierra y por mar en la edad media y hasta llegar
a la época de la Revolución Industrial
Entonces, tenemos que
una de las mayores preocupaciones respecto de “quién cuidará de los míos cuando yo no esté” queda finalmente
zanjada por el Seguro de Vida, también
llamado como “Seguro de Personas”.
Este tipo de seguros
se caracterizan por enfocar su cobertura en los riesgos relacionados con la
vida humana, principalmente los fijados por muerte,
supervivencia, invalidez y o enfermedad y sus consecuencias.
Así también apuntan a
cubrir daños consecuenciales o adicionales a las causas principales de riesgo,
como ser aquellos derivados de los mencionados con anterioridad y destacados.
Gastos médicos, de
sepelio, por medicación, tratamientos prolongados, repatriación de restos,
internaciones, terapias o gastos de acompañante, son solo algunos ejemplos de
estos adicionales que pueden generar un aprieto serio, en caso de no ser
tenidos en cuenta a la hora de contratar un seguro.
¿Cómo se “cotiza” un Seguro de Vida?
Se sabe que para existir un
seguro, previo debe existir un bien asegurable. La característica principal de
éste bien, es que debe tener un valor económico que pueda ser expresado a
través de algún tipo de moneda o bien de cambio que permita ponerle un
“precio”.
Entonces… ¿Cómo podemos expresar
el “valor” de la vida humana para que se la considere un “bien asegurable”?
Ciertamente no por ponerle un
precio, cosa imposible de hacer según los cánones vigentes de nuestra cultura
social. Pero sí, en cambio, podemos decir que si esa persona, sobre la cual se pretende
proteger una vida, es capaz de generar un valor económico medido en el tiempo
(cantidad de moneda que percibe durante un año por el trabajo que realiza, por
ejemplo) podemos decir que si durante ese tiempo u otro ampliado no está
capacitado para generarlo, entonces hay una pérdida de beneficio económico.
Ese es precisamente el parámetro
que se utilizará para medir el “valor económico” o “valor asegurable” de una
persona, según su capacidad de generar recursos económicos en un período de
tiempo estipulado.
Fundamentos Para la Contratación de un Seguro de Vida
Para darle valor al planteo
anterior deberemos remitirnos a tener presente la “Jerarquía de las
Necesidades” enunciada por Abraham H. Maslow según la cual, el hombre maneja
cinco necesidades básicas, acomodadas en un orden de complejidad determinado.
Estas son necesidades:
1.
Básicas
2.
De Seguridad
3.
De Pertenencia
4.
De Estima, y
5.
De Autorealización
De éstas cinco necesidades fundantes enumeradas, surgen entonces las
incertidumbres que se generan, desde el inicio de los tiempos, en cualquier
núcleo humano en el cual hubiere alguien destacado como líder o responsable,
desde los jefes de los clanes de las épocas prehistóricas hasta cualquier jefe
de familia de hoy:
·
¿Qué pasa con mi grupo si muero?
·
¿Qué pasa conmigo y con los míos si quedo
incapacitado?
En ambos casos la respuesta a las dos preguntas, se formulen en cualquier
orden, es la Prevención y la Previsión.
Prevención – Previsión – Definiciones.
La “Prevención” es la acción de adelantarse a acontecimientos
destructivos o amenazadores y la aplicación de estrategias para neutralizarlos.
La “Previsión” es la acción de generar estrategias para
minimizar, neutralizar o atenuar, las consecuencias de aquellos acontecimientos
que son certeros en su ocurrencia pero desconocidos en su momento.
Se hace “prevención” en seguridad para reducir al mínimo la
posibilidad de que ocurra un accidente, utilizando cinturón de seguridad,
colocando una baranda en un balcón o haciendo una revisión exhaustiva del chequeo
pre vuelo de una aeronave.
Un accidente puede o
no ocurrir; la forma de evitarlo es tomando precauciones. Puede ocurrir, pero
en la medida de que ampliemos los controles y las precauciones el margen de
ocurrencia se reduce.
Cuando se hace
“previsión”, se toman medidas sobre un hecho que, a priori, se sabe con certeza
que, antes o después va a ocurrir de manera inevitable, va a ocurrir y de lo
que se trata es no de impedirlo sino de atenuar sus consecuencias dado que
dicho hecho es inevitable. La vejez, la enfermedad y la muerte, son los tres
hechos principales sobre los que hacemos previsión, dado que pueden
sorprendernos en cualquier momento y de ninguna manera podemos estar ajenos a
ellos. Tarde o temprano, todos seremos alcanzados por ellos.
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