3 de febrero de 2016

Conceptos Básicos en Seguros de Personas


¿Cuál es el objeto de un seguro de vida?


Básicamente, como ya se ha dicho, su objetivo es cubrir o proteger la ocurrencia de muerte (principalmente), enfermedad y o invalidez y, eventualmente, supervivencia en cualquier ser humano.
Por fuera de este concepto primario hay más objetivos que se engloban en el porqué de la contratación de un seguro de vida, pero éstos son más específicos y detallistas de acuerdo a las particularidades que presenta quien toma el seguro o quien será finalmente el asegurado.
Y estos objetivos pueden ser desde proveer de continuidad del ingreso familiar a la viuda o al viudo y sus hijos, hasta la cancelación de deudas, el pago de los estudios pendientes de hijos hasta su finalización, dejar cubierto un tratamiento médico o un sepelio, hasta generar un fondo de retiro en caso de que la supervivencia del asegurado se imponga a una muerte prematura o no.
En definitiva, el seguro de personas apunta a cubrir las demandas económicas de los herederos, en el peor de los casos, o a garantizar los años de retiro del asegurado, una vez cumplidos los años de prestación de servicios laborales dispuestos por la Ley.


¿Quiénes son asegurables?


Cualquier persona de existencia física mayor de 14 años de edad es plausible de ser asegurada. A partir de los 18 años, mayoría de edad, el asegurado tiene libertad de contratar sobre sí o para un tercero una cobertura de protección.
No existe un límite legal acerca de hasta qué edad se puede asegurar una persona; los límites impuestos los estipulan las compañías por cuestiones comerciales, no legales.
Sí en cambio, no es posible asegurar por si a menores de 14 años de edad ni a interdictos, aquellos que legalmente están imposibilitados de comprender y ejercer su propia representación.
Para el caso de menores de 18 años de edad y mayores de 14, la Ley impone que sus beneficiarios serán los herederos legales, ascendientes o descendientes. Una vez cumplida la mayoría de edad los beneficiarios son elegidos y designados con total libertad por el asegurado.


¿Qué son las “Coberturas Adicionales”?


Aquellas que exceden los términos generales de la contratación de la cobertura y que se contemplan y otorgan como segundas opciones ampliando el rango de protección.
Mayormente se otorgan incrementando el monto básico de la prima y siempre estipulando su valor con acuerdo de ambas partes, tomador y compañía.
Las mismas, mayormente, son por lo general referidas a:

·         Invalidez (total, parcial, temporal, permanente)
·         Enfermedades Prolongadas
·         Enfermedades Graves y o Terminales
·         Doble Indemnización por Muerte en Accidente
·         Pérdidas Físicas Parciales o Totales
·         Sepelio
·         Tratamientos Prolongados
·         Internación
·         Medicamentos

Por nombrar algunas de las más comunes.



¿En qué casos el seguro “no cubre”?



“El Seguro No Lo Cubre”, una de las frases más escuchadas entre la comunidad de asegurados. Parece una especie de mala broma que ocurre en los peores momentos; cuando esperamos que el seguro venga en nuestra ayuda, algo determina que lo que ocurrió no está cubierto. Pero no es así de simple.
Las pólizas estipulan lo que se denominan exclusiones; eventos que específicamente se aclaran al margen del compromiso tomado por la Compañía ante el Asegurado y que en caso de ocurrencia, invalidan el contrato. Estas exclusiones se incluyen a propósito dentro de los términos de las cláusulas para dejar expresa aclaración de que son eventos sin duda fuera de cobertura.
Algunas son reconocidas por haber sido nombradas en reiteradas ocasiones; otras caen de maduro por la lógica de su origen y la mayoría termina siendo reconocidas como tales, dado lo extremo de su concepto básico.
No se cubren empresas tales como exploración submarina, práctica de la aviación por fuera de la prestación de un servicio a nivel comercial, carreras de vehículos mecánicos en todas sus formas, situaciones de guerra que no comprometan al país del cual es ciudadano el asegurado, la participación en una empresa criminal o estar involucrado en catástrofes atómicas.
Quienes practican eventualmente esas actividades, salvo el apartado empresa criminal, son cubiertos por otros tipos de seguros cuyas características y modelos no vienen al caso aquí.
Por lo tanto es imprescindible que quien contrate una póliza tenga la obligación de informarse fehacientemente de los detalles del contrato que va a firmar como parte.
Esa es una de las tareas principales del Productor Asesor de Seguros: poner al tanto al asegurado de los detalles relevantes del compromiso que va a asumir e informarle tanto de sus derechos como de sus obligaciones.


Próximo tema: El Suicidio y el seguro.



27 de enero de 2016

El Seguro de Vida – Orígenes




Desde que el hombre se organizó socialmente en actividades económicas, el tema de protegerse, en tanto actor principal de su propia actividad económica, se convirtió en “el” punto central de la cuestión.
Diferentes y variados riesgos amenazaban al único gestor de los recursos que permitían su supervivencia y la de los suyos. Aún hoy rige ese principio básico y la pregunta eje de toda la cultura aseguradora de personas:

·     si el proveedor principal de recursos de un grupo desaparece o queda imposibilitado de seguir cumpliendo ese rol…
·         ¿quién lo cumplirá?
·         ¿quién proveerá de sostén al grupo?

Desde los legionarios romanos, que generaban un fondo común para ceder a viudas y huérfanos en caso de muerte o incapacidad de uno de los soldados, pasando por los mercaderes que trasladaban sus mercancías por tierra y por mar en la edad media y hasta llegar a la época de la Revolución Industrial
, el surgimiento corporativo o la globalización en nuestros días, siempre, sin dudas, la preocupación del hombre estuvo centrada en proteger su patrimonio y, más aún, la capacidad de generarlo, ampliarlo y legarlo a aquellos que quedaban como sus herederos, para que siguieran gozando de la continuidad del sostén familiar y su vida diaria no se viera amenazada en lo económico.

Entonces, tenemos que una de las mayores preocupaciones respecto de “quién cuidará de los míos cuando yo no esté” queda finalmente zanjada por el Seguro de Vida, también llamado como “Seguro de Personas”.

Este tipo de seguros se caracterizan por enfocar su cobertura en los riesgos relacionados con la vida humana, principalmente los fijados por muerte, supervivencia, invalidez y o enfermedad y sus consecuencias.
Así también apuntan a cubrir daños consecuenciales o adicionales a las causas principales de riesgo, como ser aquellos derivados de los mencionados con anterioridad y destacados.
Gastos médicos, de sepelio, por medicación, tratamientos prolongados, repatriación de restos, internaciones, terapias o gastos de acompañante, son solo algunos ejemplos de estos adicionales que pueden generar un aprieto serio, en caso de no ser tenidos en cuenta a la hora de contratar un seguro.



¿Cómo se “cotiza” un Seguro de Vida?


Se sabe que para existir un seguro, previo debe existir un bien asegurable. La característica principal de éste bien, es que debe tener un valor económico que pueda ser expresado a través de algún tipo de moneda o bien de cambio que permita ponerle un “precio”.
Entonces… ¿Cómo podemos expresar el “valor” de la vida humana para que se la considere un “bien asegurable”?
Ciertamente no por ponerle un precio, cosa imposible de hacer según los cánones vigentes de nuestra cultura social. Pero sí, en cambio, podemos decir que si esa persona, sobre la cual se pretende proteger una vida, es capaz de generar un valor económico medido en el tiempo (cantidad de moneda que percibe durante un año por el trabajo que realiza, por ejemplo) podemos decir que si durante ese tiempo u otro ampliado no está capacitado para generarlo, entonces hay una pérdida de beneficio económico.
Ese es precisamente el parámetro que se utilizará para medir el “valor económico” o “valor asegurable” de una persona, según su capacidad de generar recursos económicos en un período de tiempo estipulado.



Fundamentos Para la Contratación de un Seguro de Vida


Para darle valor al planteo anterior deberemos remitirnos a tener presente la “Jerarquía de las Necesidades” enunciada por Abraham H. Maslow según la cual, el hombre maneja cinco necesidades básicas, acomodadas en un orden de complejidad determinado.
Estas son necesidades:

1.    Básicas
2.    De Seguridad
3.    De Pertenencia
4.    De Estima, y
5.    De Autorealización

De éstas cinco necesidades fundantes enumeradas, surgen entonces las incertidumbres que se generan, desde el inicio de los tiempos, en cualquier núcleo humano en el cual hubiere alguien destacado como líder o responsable, desde los jefes de los clanes de las épocas prehistóricas hasta cualquier jefe de familia de hoy:

·         ¿Qué pasa con mi grupo si muero?
·         ¿Qué pasa conmigo y con los míos si quedo incapacitado?

En ambos casos la respuesta a las dos preguntas, se formulen en cualquier orden, es la Prevención y la Previsión.



Prevención – Previsión – Definiciones.


La “Prevención” es la acción de adelantarse a acontecimientos destructivos o amenazadores y la aplicación de estrategias para neutralizarlos.
La “Previsión” es la acción de generar estrategias para minimizar, neutralizar o atenuar, las consecuencias de aquellos acontecimientos que son certeros en su ocurrencia pero desconocidos en su momento.
Se hace “prevención” en seguridad para reducir al mínimo la posibilidad de que ocurra un accidente, utilizando cinturón de seguridad, colocando una baranda en un balcón o haciendo una revisión exhaustiva del chequeo pre vuelo de una aeronave.
Un accidente puede o no ocurrir; la forma de evitarlo es tomando precauciones. Puede ocurrir, pero en la medida de que ampliemos los controles y las precauciones el margen de ocurrencia se reduce.
Cuando se hace “previsión”, se toman medidas sobre un hecho que, a priori, se sabe con certeza que, antes o después va a ocurrir de manera inevitable, va a ocurrir y de lo que se trata es no de impedirlo sino de atenuar sus consecuencias dado que dicho hecho es inevitable. La vejez, la enfermedad y la muerte, son los tres hechos principales sobre los que hacemos previsión, dado que pueden sorprendernos en cualquier momento y de ninguna manera podemos estar ajenos a ellos. Tarde o temprano, todos seremos alcanzados por ellos.